6 de febrero de 2010

Noña

La noche se despereza en un azul que se aclara minuto a minuto, nervioso. El cielo es más visible que las cosas, un sol se intuye. Una frontera.
No hay quietud; hay un latido lento que dura años.

Frontera

La playa es la frontera que divide el Plan del Delirio. Estamos aquí, siendo un poco lo que somos y otro poco lo que seremos; nos abraza una Imaginación tan generosa como cruel. Estas mismas alas que nos muestran lo que veremos nos muestran también lo que no; viajar es un peligro raro, incierto, en el que el ir y el venir se trastocan en un pestañeo.
La mayoría es una divinidad cobarde. La minoría es audaz, pero francamente humana.

Lejos

Buscar también es huir; es cierto. Pero fugitivos y exploradores comparten una cualidad: están Lejos; allí es dónde puede sorprendernos a veces el espejo nuevo que nos devuelve la patria íntima. Porque para verse hay que irse y vivir en el riesgo de perderse; viajar hacia los Otros con la furia de un mar que no respeta las playas y se estira en el viento para besar un bosque que no conoce.

Impaso

Una distancia breve pero temporalmente imposible. La cercanía física o geográfica se oponen al tiempo de manera insensata y absoluta. El objeto del deseo está a la vista, a veces incluso roza tus dedos, sin dejar por eso de ser inalcanzable. "A tres o cuatro impasos de aquí", puede ser una eternidad.
La lucidez no es razonable; tampoco irracional. Como una línea turbia, de tiempos breves, es una frontera hecha de nubes: un dios de dos cabezas que se reconocen sin disputas.

Vestuario

Como si a esta ropa la hubiera usado otro. No sobra ni ajusta, pero no es. El guión llega al abismo, el escritor desaparece; los personajes lloran y un ridículo telón separa esta obra de una noche y de todas las noches. A veces no somos, y otras veces no queremos ser y salimos a buscarnos por ahí dispuestos a ser lo que seremos; quizás nos encontremos antes que anochezca.

29 de octubre de 2009

La mentira nunca es un dragón; prefiere dispersarse en mil pajaritos y susurrarnos en el camino durante días.
Hay quien se enamora por las mismas razones por las que va de compras.
El hartazgo de los otros es una profecía; en breve estaremos aburriendo todos los espejos.

Valor

El inasible Dios de los mercados dicta los valores. Somos únicos; quizás, pero el precio lo definen Todos. Las bellezas se ofrecen con ansias; la fruta mañana no será la misma. No hay espejos; esclavos y esclavas nos miramos unos en otros y quien compra elige con el desdén que esconde una soledad desesperada. Es cierto que pagamos una fortuna por los Otros, pero cualquier precio es bajo con tal de no vernos.
El miedo es un guardián ambicioso; llega protector como el Arcángel Gabriel y un buen día intenta conquistar el Cielo.

La palabra

La palabra es: un elefante que vuela, una mujer que es un coro, una flor de carne. Se disfraza, grita, ignora, ataca, inventa. Nos entretenemos con ella dibujándonos a nosotros mismos y a todos, como si no existieran; detallamos sus labios para enamorarnos y para que puedan decirnos. Todas las palabras son criaturas y un solo pecado hay: hablar para no decir. Pero este pecado es tan capital como imposible.
El narcisismo de un introvertido tiene algún interés; el del extrovertido es simplemente un abuso.

Juego

La Certeza nos abriga, de noche en noche; una madrugada nos sofoca sin aviso. Su perpetua rival es la bella y amenazante Incertidumbre, que con su canto de risueñores nos atrae y nos espanta, volando en círculos sobre el camino como un buitre. Nosotros, siempre en este raro juego; ni el norte ni el sur existen, pero como llegar a tus brazos sin ellos. La cordura es una bendición de la que tampoco hay que abusar.
Supongo que todo podría explicarse, pero no todo puede entenderse.

Insuficiencias

El amor insuficiente es la maldición de maldiciones. El vacío se perpetúa en existencia tras existencia. Antes de abandonar un ego hay que amarlo; antes de amar, ser amado. La mezquindad del amor es un delito largo; viaja en la carne con incertidumbre durante generaciones en seres opacos que prefieren el grito al canto. Incapaces de espejarse, buscan confirmar su existencia en el eco, como murciélagos.
Cada noche es una rebelión que se sofoca; los rebeldes sólo pierden una batalla más, pero tienen paciencia.

Rey

Un rey nos dirige como a un coro; nunca decimos lo mismo, pero sabemos cantarnos y escucharnos sin monotonía. Hacemos una canción larga y compleja, hecha de todas las voces. Pero llega la noche y la fiesta de disfraces; el rey es uno más. Nos dispersamos entonces en cantos privados que sisean una rebelión, pero el rumor pronto llega al rey. Aún bajo el disfraz, pudimos haberlo reconocido: era el que no cantaba.

Antigua

La ciudad antigua está vacía. El sol y el viento la han limpiado de fantasmas: es pura. Todas la almas que la habitaron tienen otra carne; nadie la recuerda. El olvido es medicina difícil pero no imposible; del pavimento vuelven a brotar damascos e higueras, la hierba reconquista su territorio. La tierra gira hasta que todas las piedras caen y el templo es otra vez un bosque.
La estatua se separa en golpes de la montaña y entonces es; y es belleza, sola.

Decires

Decimos ladrillos, como albañiles apurados, construyendo la muralla que dibuja el perfil de la ciudad. Apuramos las defensas en certezas parciales; lo importante es que la ciudad no se confunda en selvas. En los caminos, pesadas puertas; en las murallas, guerreros. Cada afirmación eleva las torres; desde allí miramos un mundo salvaje, lejano y bello como la locura, hecho de caminos sin orden.

Certeza

La certeza es un sueño dorado, una habitación cerrada y sin ventanas; nos asfixia. Afuera están las noches y las tragedias, el transcurrir que se acumula en la carne; que importa. Existir es tan improbable que cuando ocurre es un riesgo perpetuo, una caminata en un puente de cristal que te llena los pulmones de jazmines y música, viento en los labios. Visto desde aquí, el palacio se vería ridículo; pero no existe.

Búsquedas

Buscamos sólo lo que conocimos alguna vez. El hallazgo es un reencuentro sólo posible en la ceguera; descubrimos un continente luego de ignorar durante días el mar, siempre en nuestros ojos. Escrito en un alfabeto desconocido, no lo reconocemos; y seguimos. Desesperados, buscamos montañas en el horizonte como si las olas no existieran; como si no pudieran ser, también, el destino de cualquiera.

Nochemar

Expresión de marineros antiguos, que no existieron. Escribían en sus bitácoras, por ejemplo: "Ochenta nochemares me separan de tu cuerpo", envueltos en la nostalgia del viaje.
Antes de la guerra, las cosas se nombran; un nombre es siempre una declaración de independencia.

Confusión

Hacemos confusión; la suma de todas las cosas es nuestra canción del cuna. Nos deshacemos en caminos y encrucijadas; la lucha es entre Uno y Muchos. Ellos, rebeldes en su perpetua guerra de secesión; sigue el cieloespejo ahí, noches y mañanas, con su batalla de Luz y Lucecitas. Esta es la puesta en escena: un buda mano a mano contra el panteón griego. La existencia no es ni un bando ni el otro: es la contienda.
Las estaciones son trenes que viajan con la tierra. La quietud es un sueño imposible.
Que tenga sentido no tiene sentido.

Hacia adelante

Recordamos pasados y huímos hacia adelante, tan rápido como lo permitan nuestra piernas o el viento. Huímos para consolarnos del regreso imposible, para buscarnos un pasado en el futuro; la historia que nos hizo bien ya no nos espera. El paisaje es vértigo que ignoramos; nuestro camino es un túnel. Nos preguntamos cuánto falta; el niño sentado al lado nuestro sabe que el destino llegó; era esta ventana.

Biaje

Un viaje que se entretiene siempre entre dos patrias. Un ida y vuelta, un round trip o peor aún, una indecisión geográfica.
El extranjero es, al principio, una patria privada, que se habita íntimamente. Con el tiempo es un país más; entonces huímos.

Secreto

Corremos sin sentido, porque la maratón; y porque sí. En el camino, vinos y teatros. El devenir de las nubes nos interesa más que el de los astros, que son cosa de antiguos sin ciencia. Como niños, amamos la repetición; la lluvia y la muerte se suceden a diario sin dejar de sorprendernos. Si un escritor descubriera el código de la existencia podría escribir todos los días el mismo libro sin dejar de fascinarnos.

Vaivenir

Verbo que me gustaría usar para coger o follar. Por ejemplo: "Ella me vaivino casi sin despertar, como en un sueño."
Pero nadie lo usa.
La noche nos diluye a medias; como una gota de tinta en el agua clara, una cámara lenta que la mañana rebobina.

Somos

Saberse u olvidarse. El repetido vaivén que nos acerca en veranos y nos aleja en inviernos; el viaje. Se es en la conciencia y en el olvido, como esta gota que cae, y es gota hasta el mar, y es mar. Alguien denuncia: -Hay disfraz y disfraz del disfraz; -pero esto es una fiesta y la desnudez sería impropia. Ser es tambén perder la cabeza y llevarla bajo el brazo; siempre somos mar, solo a veces somos llovizna.

Giraluna

Nocturna flor, que acompaña la luna en su recorrido por la noche. Por su volumen y forma puede confundirse con un fruto. Se identifican con ella poetas y poetisas devotos de la Diosa.
La certeza total, frente a un espejo, de no ser lo que ahí aparece. La existencia es transparente.

Los otros

Quizás la verdad se perdió en los espejos, cuando decidimos recortarnos de un mundo total para ganar este pequeño individuo. La existencia se intuye en casualidades y encuentros; los otros a veces son labios, a veces dientes. Dios no está en los remotos espejos que repetimos y el sueño de los clones es una pesadilla. La existencia se refleja como el ágil brillo de un diamante, que nunca se repite y siempre maravilla.

Mitolorgía

Evento iniciático y húmedo, perdido en el tiempo. Nuestras flexibles conciencias facilitaban la indistinta actuación en una obra sin personajes o con todos. De ella se derivan todos nuestros arquetipos sexuales.
La cordura se viste de bandadas y se desnuda en pájaros que se dispersan; o al revés.

El árbol de las luces

Bajo el árbol de las luces nos embelesamos; el cielo es por fin privado. Nuestras estrellas cambian y viajan; el saber es un enjambre de luciérnagas y pájaros oscuros en perpetuo movimiento. Son una cosa: son tantas. El sentido es una bandada y está hecha de muchos; es una tensión. Bello es el frágil orden que lo vuela, bello es el riesgo de que se disperse en vientos y nos deje bajo un árbol a oscuras.

Patrias

Empecinados en un destino decidido, vamos, aunque las brújulas bailen ochos y la sangre huya. Nos dirige un dios menor que busca la grandeza en repeticiones. Hubo alguna vez Patrias construídas en la música de un idioma que podía decir la belleza que aún no existía; viajaban, hechas de otros. Ahora la Nación está en todas partes, repitiendo cuatro o cinco palabras que tardaremos una Eternidad en olvidar.

18 de septiembre de 2009

padrecolirio

La poción que otorga la lucidez que engendra.
Un secreto es un dios que reina desde el silencio; el sólo sonido de su nombre puede traerle la muerte o el olvido.

eclip-sado

Disfrutado dolor que te oculta.

ensimism-hada

Entre las hadas, hada narcisista y alunada. Entre las otras, hada íntima.
Los Otros sólo existen en mis fronteras.
Buscar palabras con palabras: encontrar nada.

Guiones

Se repite el guión en mañanas que son rezos, monótonos. Si pudiéramos ver, veríamos, porque aunque la rutina es casi la misma y los pasos parecieran ser idénticos el sufrido solista intercala su mensaje en ínfimas diferencias. El acto se fisura. La verdad son esos pasos furtivos, casi imperceptibles, que se escapan aquí y allá del sendero. Aunque no tuerzan el destino, susurran gritos y son la voz de un fugitivo.
Aferrarse a un movimiento ajeno permite fingir velocidades pero es sólo otra forma de quietud, disfrazada de vértigo.

Noche y día

Amanece. La noche y el día dialogan con cosas como palabras, inconscientes; se desafían a probar que nada es lo que parece y que sus hechizos pueden transformarlo todo. La batalla es breve, cada uno de ellos tiene su triunfo y su derrota en esta doble y cíclica monarquía sin príncipes. Los súbditos asistimos a los fuegos y dudamos en seguir llamando siempre cielo a cosas tan distintas como el misterio y la mañana.

12 de septiembre de 2009

Real es cuando el aire apenas sopla la piel y es tan perfecto el instante que es imposible que dure; y atardece.

Sueltos

Algunos están sueltos con las raíces anudadas en las suelas y veloces; beben dónde pueden, donde los sorprenda esa noche que en verdad nunca los sorprende. Las pupilas dilatadas, los labios tintos, la espera lúcida: sólo para verla pasar y elogiar su cadencia y la tortura, leve, de la vigilia a destiempo. La noche no es una verdad superior, es otra; los sueltos viajan pero saben que la llevan atada consigo.
La muralla no puede ser inviolable. La belleza está afuera también, con los enemigos.

Los Otros

Tantos y tan variados los Otros y sus escondites. A veces parecen estar ahí, en los ojos que nos miran, pero un rapto de lucidez comprueba la confusión; el Otro era también el que miraba. El disfraz de Mí, escaso y falible, es imperfecto. El día es un dejà vu y los otros son un recuerdo a destiempo. Cansamos el disfraz hasta que la noche nos desmembra, sin dolor, y somos otra vez un baldazo en el mar junto con ellos.
El dolor no necesita verdades y es siempre una forma de ficción, a veces banal, a veces poética, a veces fatal.

Logos y banderas

La escenografía se desmorona con una sola pregunta: ¿para qué? El sin sentido oscila en ser, a veces, bello y simple como un niño de cabeza. Pero es usual que prefiera la magnificencia y se derrame por el mundo en imperios de mentirosos. Ordenados bajo logos y banderas secuestran las horas de todos; casi nos convencen a veces, sin gritos, de la importancia vital e indeclinable de transacciones que nos empobrecen.
Despierto en la mitad de la noche no es posible ignorar el artificio. La oscuridad descarna donde la luz desalma.

Sombreros

¿El intercambio? Voces, manos, sonidos hilvanados y tonos que intentan decir lo indecible. Van y vienen, nos probamos los sombreros y miramos; no nos miramos. Desde otros ojos se pueden ver otros ojos, pero no los nuestros. La noche nos devuelve a casa entumecidos, y nos sentimos un poco como el diario de la mañana; a la noche. Es el mismo pero tiene menos alma; lo que el espejo nos muestra tiene menos sentido.

8 de septiembre de 2009

El marketing, encendiendo deseos. El budismo, intentando apagarlos. Que batalla rara vinimos a plantear.

Libertades

Triste libertad. Un calendario detalla el futuro cada media hora. Podría no ocurrir, es probable que ocurra; agendar es cobarde. Decir que el día es probable es más cierto que decir que es seguro; pero la libertad no calcula probabilidades. Naciones ...y biografías se fundan en su nombre y luego se sobreviven con planes de negocio y devaluaciones. Este país que somos tiene, creo, demasiados ministros.
La necesaria armonía entre las horas y las cosas. Pienso por ejemplo en un whisky, o en un salmón.

Útil

Creciente maldición: la utilidad. Cada cosa que existe pareciera tener un propósito preciso, limitado y tedioso. Descomponemos entonces la fruta en vitaminas antes de probarla. Peligro no hay; la belleza encuentra siempre nuevos escondites y los dioses aman por igual máquinas y aminoácidos. Pero hoy podrían crecernos alas en los pies, bellas e inútiles, y alguien se preocuparía de los zapatos, que ya no sirven.
A veces tenemos esa belleza, la de un niño cuando miente.

6 de septiembre de 2009

Mantra

Hay una magia. Las palabras se ordenan, misteriosas, y entonces el cuerpo responde; el cuerpo. Resuena muda la cadencia en el templo, y aún no se apaga el eco que respondemos a la maravilla, como si un dios nos llamara la sangre; sentimos, sin pensar ni entender. En algún lugar se inscribe en los registros el nacimiento de un nuevo mantra. Los alquimistas hacen su festejo breve para volver pronto a sus plumas.

Arabescos

Anhelamos simpleza. Con el alma tatuada de arabescos buscamos refugio en una mansión minimalista. Pero el refugio es tortura, porque la letra no es tinta, es cicatriz. No nos es dado el olvido. En noches y vigilias, siguimos tejiendo esa tela de hilos eternos, casi malditos, que se retuercen en nudos para no desvanecerse nunca. No es de extrañar que nuestros dioses estén cada vez más silenciosos y nos ofrezcan: nada.
Usamos el disfraz pensado. Mientras corremos entre la gente, el disfraz vuelve a desgarrarse y asoman aquí y allá los colores verdaderos. ¿Mentira? No hay. Cada disfraz es un código único, tortuoso y bello, hecho de raros acuerdos: quien sabe escribirlo no sabe leerlo, quien sabe leerlo escribe en otro idioma cada mañana frente al espejo. Sin unísono repiten todos el mismo mantra: esto quisiera ser, pero esto soy.

La duda

El sabor sin sabor de tus dientes. Nunca te ves, pero el Otro, como un súbdito iluminado, es el dueño de una verdad que nos es imposible: cree que existimos. Este sueño parece su sueño, y aunque nos miente nos dibuja de cuando en cuando en un vaivén opaco. Intuímos, pero nada veremos; los ojos del Otro son una fortaleza inexpugnable; es un fantasma. La ley es: siempre sabrás que está, nunca estarás seguro.

Garantías

Se venden garantías. Triste consuelo para el marinero cobarde, que se gasta en seguridades que no le importan para consuelo de lo impredecible y enfrenta el tifón: con un paragüas. Torpe. No importa dónde ni cuando. Importa que el barco recorra los senderos invisibles que le han sido dados, importa que tus ojos conozcan las sirenas y tus pies el vaivén de tu nave. Importa que el capitán siga siendo siempre el mar.

30 de agosto de 2009

Extranjeros

Como extranjeros. Adivino la insuficiencia de este consuelo en sus sonrisas; no les alcanza. Saben que este calor es mentira y que aquí no queda el hogar de nadie. Falsos viajeros, sueñan con echar raíces en las arenas que recorren y entonces no son ni árboles, ni pájaros. Hoy intuyen, bajo este invierno falso, que han olvidado el camino a la madre patria y apuran un vino que les devuelva el sueño.

29 de agosto de 2009

Colores

La luz se desprende de las cosas. Las noches y los días merecen idéntica reverencia y la piel de las frutas es un espejo indeciso. Tal vez es la bruma, o el calor, o los olores que en los sueños también veo, pero adivino magos que todo lo miran con hechizos. El color no es mentira, es viaje, la mar cambia vestidos para cada ola y los limones también son azules a la hora de las brujas.

Arabescos

Complicamos el destino en arabescos. Dónde el camino era un hilo de oro ahora enredamos los pies en danzas de artificio. Sabemos las mil formas de detenernos en una baldosa e intentar ser bellos, jugando al movimiento en las quietudes que se disfrazan. Pero mientras, la luna toca sus campanadas, y los dioses nos miran con tristeza; pero sin piedad. La pureza es un cielo que se cruza sin pausas ni desvíos.

Deteniendo

Para que nada muera. Sostenemos viejas caricias en ásperos rictus, y vestimos para el combate armaduras de piedra. Nos aferramos al suelo, absurdos, y pretendemos que el río se detenga. Sacrificamos nuestros títulos: la guerra contra el tiempo es alta traición y la nobleza no la tolera. Las cosas que se mueven son todas y de todas las leyes está es la primera: el sol tiene un cielo que cruzar, hoy también.

26 de agosto de 2009

Mundito

Nos encerramos en munditos controlados, donde las cosas fingen nuestra importancia y las camas se ordenan secretamente en nuestra ausencia. El control nos rodea de sirvientes embelleciendo el hechizo. Pero el sueño de Śuddhodana es imposible: hay un pájaro muerto en las flores. Este decorado de papel no verá el fin de la tormenta y los espejos no mienten: los sirvientes somos nosotros.

23 de agosto de 2009

Frontera

Delicada la frontera entre la búsqueda y la huida. Un simple paso en falso y nos precipitamos en carreras que el pasado empuja. Lejos: esta es la consigna. Pero lejos no hay, la distancia siempre es de otros y estamos siempre aquí mordiéndonos la cola. Culpamos a los espejos de sus reflejos, como si la luz pudiera elegir sus derroteros y devolvernos algo que no somos. No lo hará; los dioses son sólo verdades.

Escenarios

Los escenarios se disfrazan para viajar con nosotros. Donde despertamos, el paisaje nos refleja, sincero y el viaje nos deja sin disfraces. Quizás podamos huir durante horas del ruido que somos en novedades y mercados, pero antes de la noche algo, o alguien, romperá el hechizo. Es que este teatro no tiene otra patria que nuestros ojos, que desconocen geografías y se distraen en mirar siempre lo mismo.

Razones

Vestimos las cosas de razones. Hacemos razones para pegarlas en paredes, para arrojarlas al mar, para publicarlas en diarios. Las abandonamos sin piedad en las cosas, como si no hubieran sido nuestras. Luego aparecen las intuiciones y su pegajosa anarquía se aferra a nuestros dedos. Sacudimos las manos en palabrotas para soltarlas: es imposible. Las intuiciones nunca nos dejan y siempre miran las cosas desde lejos.

Muchedumbres

Tantas la voces. Caminamos entre muchedumbres apretados en un destino sin decidirlo. La bandada humana no distingue, es cierto, pero nosotros somos también este pájaro pequeño, dócil o inútil. Abrigados en los otros viajamos este río lento por una pampa insensata, camino a un mar que se aleja en un sinfín de rodeos. Jugamos a no ser la multitud: la multitud juega a ser nosotros y decide nuestro perezoso destino.

Voces

Tantas la voces. Caminamos entre muchedumbres apretados en un destino sin decidirlo. La bandada humana no distingue, es cierto, pero nosotros somos también este pájaro pequeño, dócil o inútil. Abrigados en los otros viajamos este río lento por una pampa insensata, camino a un mar que se aleja en un sinfín de rodeos. Jugamos a no ser la multitud: la multitud juega a ser nosotros y decide nuestro perezoso destino.

Aromas

El aroma se dispara más allá de la imagen para recordar lo que no vimos: la sangre atropellada, las oscuras fotos en nuestros dedos apretados, el aliento dulce. Los labios recuerdan sabores de ese cuerpo, en ese verano, en esa ciudad. Vuelve el coro de quejidos desoídos a los oídos que los desoyeron, vueve la tensión de la carne a los dientes . Una inocencia de instantes se dibuja sin luz, en todos lados.
Aquí, vestidos en este reflejo, buscamos lectores para este cuerpo que habla, fluídamente, una lengua misteriosa. En algún lugar, aquel idioma se escondió detrás de este otro, artificial y preciso. Podemos ahora hablar sueños, eso es cierto, pero entregamos a cambio la lengua de la madre patria. Ahora gastamos caminos en estos cuerpos gritones, indignados porque nadie entiende lo que tampoco entendemos.

Audaces

La niñez no es, del otro lado, otra cosa que esta audacia. Bajo el crudo espejo de la noche barajamos damas y caballeros con las predicciones del día. Todo está en su lugar: los jardines a oscuras, las presencias inquietas, las ánimas seductoras. Los repetidos vuelos de los fantasmas que somos y abandonamos. Tristes devotos, cansamos reverencias a los titiriteros; cuando al otro lado no somos niños, tenemos miedo.

Espejo

Tiramos la primera piedra. El lago nos recibe agitado y entonces nos buscamos en los reflejos que somos sin ser. Las luces nos escriben en un alfabeto indescifrable, dibujando ágiles caracteres nuevos para cada palabra en el tiempo. Es bello, pero inasible, y este festival de lucecitas nos aterra en sus dibujos sin cielos ni bosques. Perdidos, buscamos en los fragmentos la imagen que ya éramos antes de la piedra.

Peligro

Somos el peligro. Dibujamos fieras que fingen amenazas pero son espejos. Nosotros tememos el miedo y la huida es otra vuelta lenta en un carrousel que repite escenarios. Queremos iluminar las noches de otros; los otros no están. El carrousel es un es tanque desalmado y los dioses prefieren aguas inquietas que los lleven lejos de esta melodía que nos adormece sin sueños.

Brindemos

En silencio se levantan las copas. Nosotros, preferimos a los que saborean la existencia y la retienen feroces. La antorcha viva se agita en las manos de los corredores mientras sus pasos sueñan y las heridas no son suficientes. Este fuego es el de todos y los vitoreamos porque atraviesan la noche cuidando el resplandor como si fuera único, dibujando su camino hasta la ciudad que los espera siempre frente al mar.

El código

Un código. El juego es conocido y tanto lo hemos jugado que podemos soltar nuestros dedos mientras van dejando una y mil líneas de sentidos y razones. Pero mientras apilamos decires intuímos, a veces, algo que el juego ha olvidado. Cada una de nuestras lenguas asesina dulces sonidos antes de la niñez. Detrás de estos sonidos, laten las ambigüedades que este juego ha sacrificado para asegurar su preciosa monarquía.

El duelo

El duelo es un juramento antiguo. Siguiendo las oscuras reglas, doncellas y caballeros nos desafiamos en conjuros leves, repetidos. Usando cuerpos que el día ilusiona y la noche confunde somos inmortales. Los dioses son los mismos y son tantos que el juego de las batallas es aún más largo que el de las palabras, y una biblia de gestos se acumula en el tiempo, a la espera de una guerra más.

La noche

Huimos de la noche en la mañana, apurando respuestas. El ídolo tiene los pies de barro y los feligreses cambian ansiosos de dios. Ciegos al cielo, se confunden en vaivenes y palabras que orfebres que no conocen el oro regalan con una generosidad perversa. Los metales chocan de mano en mano, buscando la herida como espadas. El ruido es una plegaria de los perdidos intentando callar las voces de la noche.

Pido

Pedimos tiempo para gastarlo apurados en mercados de baratijas. Pedimos tiempo en el cuerpo para engordarnos, tiempo en la noche para el olvido, tiempo en los ojos para entregarlos al desfile de serviles bufones que se roban los días. Mientras, el templo aúlla lleno de mercaderes y la bruta suma de sus voces espanta todos los pájaros. Quien sabe que vida bosteza, silenciosa, esperando al otro lado del sagrado espejo.

Moneda

La fuerza es moneda que va y viene en manos y miradas. Damos, tomamos, nos dan, nos quitan. Sinfín de interacciones construyen este mal negocio de comerciantes cobardes que reciben la noche con las manos secas. Las palabras, ajadas por un uso estéril, volverán mañana al mercado para abandonarse a un manoseo sin destino. Antes de medianoche, la fuerza se duerme sin sueño.

Sueño

El sueño es artero y en su breve piedad, seduce con ademanes calmos para instantes después ofrecernos como sacrificio a una tribu feroz y fantástica. Se destroza el disfraz del día y somos entonces esa manada dispersa en perpetuo conflicto, múltiple y esquiva. Sueltos en un reino sin rostros intercambiamos cuerpos como si fueran camisas, vistiendo a nuestros interlocutores con los huesos del día.

Mapas

Diseñamos caminos para que cada recorrido sea el mismo, para saber el tiempo que nos separa de un destino. Nos fatigamos entonces en senderos inútiles, porque un destino huye de los caminos como un ladrón en la noche y se aventura en bosques y mares en busca de presas más audaces. El mapa miente direcciones mientras nos guía, perverso, a ningún lugar.

Enfermedades

La enfermedad es el recuerdo persistente. Los fantasmas se petrifican y el único espectador asiste a las escenas sin vida. El guión es el de algún dolor, ya maloliente, que los actores una y otra vez mastican. Los cuerpos secos perviven en este relato que sin la dirección maldita de la memoria se desvanecerían en una nube de polvo. Y olvido.

Niñitos

Niños, destrozando caretas en el bosque. Los veo en la frontera, fingiendo guerras como principitos arcaicos. Niños contra natura, añejos, demandando dioses que controlen las otredades mientras temblando se prueban coronas culpables. No pagan el precio, no obedecen el fluir de una sangre que los hará viejos; entonces envejecen, niños y perversos, estirando sus mejillas con los hilos de un oro sucio.

Huidas

Las huidas se beben como centellas sin suelo. Borrachas, se disfrazan y ensayan el dramatismo de un mutis absurdo, para luego desvanecerse como olas de llanura. Inútiles, van y vienen esperando un dios tirano que destroze sus pasaportes y las amarre sin piedad; pero no hay piedad. Las huidas ruedan piedras hasta que la arena las olvida. Buscaban tesoros: están muertas.